Muchos expertos en deportes, sobretodo psicólogos, argumentan que en éste se pueden sublimar (expresar de forma socialmente aceptada), todas las emociones, frustraciones, alegrías, violencia, amor, etc. que siente el ser humano. Lo que en gran parte es cierto, resulta muy simbólico el enfrentamiento entre dos equipos de fútbol, formados como dos batallones, al mejor estilo de guerra campal, con las gradas como principales soldados.
Sin embargo, recientemente, en la final del fútbol Venezolano (CAR-TAC), fallecieron algunos hinchas en las afueras de los estadios, producto de emociones caldeadas (y no sublimadas) por la venta de entradas. Esto definitivamente, es muy lamentable, y de alguna manera refleja, en carne propia lo que vivimos como sociedad, una desorganización a gran escala que roza la anarquía, y donde no hay espacio para el respeto, ni mucho menos cordialidad, tomando en cuenta que estamos hablando de deporte.
Es muy cierto lo que se dice del deporte, que es el reflejo del desarrollo de una nación. Ante esto, cabe preguntarse, ¿Hasta donde los venezolanos somos civilizados y realmente ciudadanos?, ya que ni siquiera somos capaces de disfrutar del deporte, no es espacio de cambio, generador de placer, de sublimación. Simplemente es otro escenario más donde las pasiones más bajas salen a ruedo.
Debemos reflexionar mucho sobre lo que nos sucede como sociedad para luego poder comprender los recientes hechos de violencia en los estadios de fútbol, y con especial detalle a los fallecidos en la final del torneo 07-08, donde ni siquiera se había entrado al estadio. La guerra comenzó antes, cuerpo a cuerpo y que dejó víctimas reales, no un equipo derrotado y otro triunfador, en estos casos, todos perdemos.
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